La Tercera

23 de Diciembre de 2001

Análisis
¿Cara o sello?

Renovación Nacional finalmente se convenció que le convenía una Ley de Financiamiento Electoral, lo cual permitió aprobar dicha ley en tiempo record. Ya antes una mayoría abrumadora había aprobado una Ley de Divorcio, nuevamente con la solitaria oposición de la UDI.

Eduardo Engel*

I. Cara

No hubo mayor sorpresa en la elección presidencial del día de ayer. Tal como se esperaba, Pérez ganó holgadamente a Lavín y la Concertación se prepara para gobernar por un cuarto período.

Nada mejor que la meteórica carrera del Presidente electo para ilustrar el nuevo rumbo que tomó la coalición gobernante en años recientes. Pérez fue una de muchas caras nuevas en el gabinete post parlamentarias 2001. Dicen que no contaba con el visto bueno presidencial cuando, a pocos días de asumir la cartera de Educación, anunció cambios drásticos para ese sector. Las remuneraciones de los profesores dependerían de manera importante de los resultados de sus alumnos en pruebas como el SIMCE.

Más aún, el joven ministro amarró aumentos presupuestarios para su sector a mejores resultados nacionales en una serie de pruebas. Paradojalmente, la huelga de profesores que siguió no hizo más que sellar el éxito de las reformas. Los apoderados, sobre todo aquellos con pupilos en colegios de bajo rendimiento, apoyaron entusiastamente a Pérez, lo cual concitó el respaldo de los más variados sectores políticos. "Empeño sí, antigüedad no" fue el eslogan con que el ahora Presidente electo desarmó a los dirigentes del Colegio de Profesores, quienes se vieron obligados a deponer la huelga.

Lo más interesante fue lo que vino después de la fallida huelga de profesores, cuando la nueva ministra de Salud se comprometió con la ciudadanía a mejoras palpables de la eficiencia en su sector antes de enviar al congreso el proyecto de ley para el Fondo Solidario de la Salud. Lo que siguió fue impresionante. Todo tipo de información sobre gestión hospitalaria disponible en internet, monitoreada semana a semana por los usuarios de FONASA. La caída de las llamadas "mermas" (mezcla de robos e ineficiencia) que erosionaban los presupuestos hospitalarios fue el primer signo de que la promesa ministerial podía cumplirse. A continuación vino una reducción impresionante de los tiempos de espera para operaciones de vesícula y apendicitis. Dos años más tarde, el incremento impositivo para financiar una salud digna para todos concitó apoyo unánime de la clase política.

Una vez que los avances anteriores se fueron consolidando, el terreno estuvo fértil para una serie de reformas largamente anheladas. Renovación Nacional finalmente se convenció que le convenía una Ley de Financiamiento Electoral, lo cual permitió aprobar dicha ley en tiempo record. Ya antes una mayoría abrumadora había aprobado una Ley de Divorcio, nuevamente con la solitaria oposición de la UDI. También fue notable como la censura y autocensura se batieron en retirada. "La última tentación de Cristo" se exhibió a lo largo de todo Chile, resultando ser un éxito de taquilla, al mismo tiempo que la mayoría de los diarios agregaron un suplemento semanal que compitiera de igual a igual con "The Clinic".

Fue así como la Concertación (o Nueva Concertación, según más de un analista) fue capaz de combinar su preocupación por la gente con una gestión moderna y eficiente. Lo anterior, junto a una agenda valórica más sintonizada con la ciudadanía que aquella de la derecha, llevaron a que los jóvenes se inscribieran en masa para votar, dándole un triunfo contundente a la coalición gobernante el día de ayer, no sólo en la elección presidencial, sino que también en las parlamentarias.

II Cara

No hubo mayor sorpresa en la elección presidencial del día de ayer. Tal como se esperaba, Lavín ganó holgadamente, poniendo fin a 16 años de gobierno concertacionista.

El origen de la derrota del oficialismo posiblemente se remonta a lo que sucedió después de las parlamentarias del 2001. La coalición de gobierno no fue capaz de posponer el tema del candidato presidencial, lo cual condenó al fracaso la mayoría de las iniciativas del ejecutivo. Frei, Insulza, Ravinet y Flores, cada uno en su momento, torpedearon más de una iniciativa por el conflicto que ésta podía crear con algún gremio poderoso.

En el caso de la DC, tener un candidato presidencial de sus filas se percibió como tabla de salvación para mantener un mínimo de cohesión dentro del partido; en caso contrario el desbande hubiese sido total. Pero en el caso del PPD y PS no vale esta excusa. Más bien parece que el agravamiento de las diferencias internas en estos partidos llevó a que éstas se reflejaran en líderes presidenciables para cada una de las sensibilidades. Entre tanta pelea interna, la falta de propuestas se fue haciendo cada vez más evidente.

La economía mundial finalmente se recuperó de la crisis real y sicológica que siguió a los atentados del 2001, no obstante las tasas de inversión nacionales no regresaron a su nivel pre crisis. La creciente polarización social y el cada vez más evidente aislamiento del ministro de Hacienda explican este fenómeno. Los salarios tampoco mejoraron y el desempleo se estancó en un 8%. La discusión pública se centró en si el alto desempleo se debía a un cambio estructural de la economía o a las reformas laborales aprobadas a fines del 2001. La mayoría de los electores poco entendieron del debate, pero sufrieron en carne propia las consecuencias de la cesantía.

A fines del 2003 el Presidente optó por una serie de políticas de fomento industrial, cuyo efecto no fue el esperado. Puede que sea el sino de dichas políticas, o tal vez haya sido por la derrota concertacionista que se avecinaba; el hecho es que los escándalos de corrupción crecieron de manera evidente. Los créditos subsidiados para empresas con participación de funcionarios públicos pasaron a ser la orden del día.

En fin, cuando finalmente la Concertación se presentó con dos candidatos presidenciales, la suerte de la coalición gobernante ya estaba echada. No cabe duda que Lavín traerá un muy necesario cambio de aire a La Moneda y que los líderes concertacionistas tendrán bastante tiempo para discutir dónde estuvo su error.

(*)Eduardo Engel es profesor titular de Economía de la Universidad de Yale.