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23 de Septiembre de 2001

Un mundo más incierto

Un ataque indiscriminado contra civiles apunta en la dirección opuesta, al ser caldo de cultivo de nuevas generaciones dispuestas a inmolarse con tal de matar ciudadanos estadounidenses. ¿Podrá el gobierno estadounidense resistir presiones internas clamando venganza?

Eduardo Engel*

Estaba fotocopiando un capítulo de algún libro cuando uno de mis nuevos colegas irrumpió para contarme que un avión, posiblemente secuestrado, se había estrellado contra una de las Torres Gemelas. Mientras lo escuchaba, todavía sin entender, Susana apareció por las escaleras, con nuestra hija de 10 meses en brazos sonriendo a quien la mirara.

¿Qué impacto tendrá lo sucedido sobre la economía mundial? Una primera respuesta se obtiene mirando la economía real. El impacto sobre la capacidad productiva de los Estados Unidos es ínfimo, comparable a aquel de desastres naturales, como el huracán Andrés, a comienzos de los '90.

Siguiendo con fenómenos reales, un efecto negativo de largo aliento es el encarecimiento de los costos de transporte hacia y desde los Estados Unidos. Esto afectará la industria turística. Mayores medidas de seguridad también encarecerán el transporte de mercaderías. Según algunas estadísticas, cerca de la mitad del valor agregado que llega a los Estados Unidos lo hace por vía aérea. Aun cuando es indudable que habrá un encarecimiento del transporte de carga y pasajeros, no es obvio que el efecto será grande (dicho sea de paso, la caída de las acciones de las aerolíneas después de los atentados me parece exagerada). Más aún, lo sucedido puede llevar a que finalmente se desarrollen los ferrocarriles en regiones densamente pobladas de los Estados Unidos. También puede dar el impulso que faltaba para el uso masivo de las videoconferencias y otras novedades, resucitando así la alicaída industria de las telecomunicaciones.

Me tocó hacer clases al día siguiente de los atentados. Siguiendo la sugerencia que el presidente de Yale hizo a todos los docentes, comencé dejando que los alumnos se explayaran sobre lo sucedido. Las opiniones fueron variadas. Una estudiante dijo que lo que más la asustaba era que, en algunas semanas, todo volvería a la normalidad, como si nunca hubiera pasado nada. Otro estudiante quería declarar la guerra a toda costa, de inmediato. Sus compañeros le preguntaron a quién pensaba declararle la guerra. Respondió que no sabía, pero que lo sucedido era muy grave, ya que había cambiado una forma de vida. En qué sentido le preguntaron. Que este fin de semana no habrá deportes por televisión, respondió.

La caída de las bolsas luego de los atentados indica que los inversionistas estiman que la pérdida en capacidad productiva es mucho mayor que la descrita más arriba. O simplemente significa que la burbuja accionaria, que ya venía reventando, terminó de reventar más rápido.

Más allá de la economía "real" está la economía de las percepciones, de las profecías autocumplidas. Desde Keynes que tenemos conciencia de su importancia. La economía de los Estados Unidos y con ella la economía mundial, estaba en problemas antes del 11 de septiembre. Los consumidores estadounidenses, que seguían gastando entusiastamente, eran uno de los principales puntales sosteniendo la economía mundial. Ese optimismo se desplomó junto con las Torres Gemelas. En un mundo más incierto -y no cabe duda que el mundo es más incierto tras el atentado-, la gente ahorra más y gasta menos (el fenómeno se conoce como "ahorro por precaución"). ¿Cuán rápido volverá la confianza a los consumidores estadounidenses? "Son los tiempos de crisis los que ponen a prueba el alma de los hombres", dijo, alguna vez, Tom Paine. No sé cuán importantes son quienes están al mando en tiempos de crisis, pero imagino que al final pueden hacer la diferencia. ¿Fue correcto que Bush no regresara a la Casa Blanca el día de los atentados? Para la crisis de los misiles, John Kennedy no dejó la Casa Blanca. ¿Estaríamos más tranquilos con Clinton o Gore en la Casa Blanca? Dicen que los líderes muchas veces crecen con las circunstancias. El discurso que dio Bush el lunes pasado, rodeado de líderes de la comunidad islámica de los Estados Unidos, dejando en claro que no toleraría acciones vandálicas contra personas que usan turbante o de apariencia árabe, es una buena señal.

El desafío para los Estados Unidos es tomar medidas que efectivamente reduzcan las acciones terroristas en el futuro. Dificultar la obtención de financiamiento de dichos grupos, coordinar las fuerzas antiterroristas de diversos países, facilitar la extradición de terroristas son algunas de las medidas por diseñar. Un ataque indiscriminado contra civiles apunta en la dirección opuesta, al ser caldo de cultivo de nuevas generaciones dispuestas a inmolarse con tal de matar ciudadanos estadounidenses. ¿Podrá el gobierno estadounidense resistir presiones internas clamando venganza?

"Qué bueno que Gabriel todavía no habla inglés y así no entiende lo que pasó", comentamos con Susana, luego de leer un instructivo del jardín donde va nuestro hijo de cuatro años. El instructivo daba sugerencias sobre cómo responder preguntas de los niños a propósito de los atentados. Nuestra sorpresa fue mayor cuando, al día siguiente, Gabriel nos preguntó: "¿Están seguros de que cuando vayamos a Chile para la Pascua no se va a subir un loco al avión y lo va a estrellar contra una ciudad?". Le respondimos que no se preocupara... y nos quedamos mirando.

(*) Profesor de Economía de la Universidad de Yale. eduardo.engel@yale.edu