17 de Junio de 2001 ¿Cambio estructural?
Fue en Cieplan, semanas antes de que asumiera el presidente Aylwin, que me correspondió presenciar por primera vez acaloradas discusiones originadas en la elasticidad del empleo respecto del producto. (La elasticidad empleo-producto es el crecimiento porcentual promedio del empleo por cada punto que crece el producto). Varios economistas de Cieplan se preparaban para asumir importantes cargos en la nueva administración y estaban muy preocupados porque al extrapolar las elasticidades empleo-producto de la segunda mitad de los ochenta, concluían que el mayor cuello de botella para mantener las altas tasas de crecimiento de la economía iba a ser la falta de trabajadores. Recuerdo que se llegó a considerar una serie de medidas para facilitar la inmigración de trabajadores desde Argentina. Las preocupaciones de aquel entonces resultaron ser infundadas: la economía creció a tasas anuales promedio de más del 7 % en los primeros ocho años de la Concertación y la supuesta falta de trabajadores nunca se materializó. A medida que se alcanzó el pleno empleo, los salarios subieron más rápidamente, atrayendo al mercado laboral a personas no interesadas en trabajar a fines de los '80. Lo anterior, unido a importantes ganancias de productividad, permitió mantener altas tasas de crecimiento hasta fines de los '90. Pero la elasticidad empleo-producto nuevamente está en el centro de la polémica. Esta vez, es la baja elasticidad de la segunda mitad de los noventa, aquella que evitó tener que depender de inmigraciones masivas desde Argentina para crecer durante los noventa, la que es la fuente de preocupación. En efecto, durante el período 1986-1993, el empleo creció, en promedio, en un punto porcentual por cada dos puntos porcentuales en que creció el producto. En cambio, durante el período 1994-1998, se necesitaron de más de cinco puntos porcentuales de crecimiento del producto para que el empleo creciera en un punto porcentual. Extrapolando a partir de la caída de la elasticidad empleo-producto anterior, una serie de analistas concluye que sin cambios drásticos "al modelo", la economía no volverá a recuperar los bajos niveles de desempleo existentes antes de la crisis del '98. Así, por ejemplo, se anunció recientemente que Mideplan está realizando un estudio para buscar soluciones al desempleo permanente que (según dicho ministerio) existirá en el mediano y largo plazo. El empleo depende de manera importante de los precios de los factores de producción, es decir, los salarios, el precio del capital y los precios de bienes importados, estos últimos afectados por el tipo de cambio. Si queremos estimar una relación con fundamentos económicos sólidos para el empleo, no podemos limitarnos a estudiar su relación con el producto, sino que también debemos incluir los precios recién señalados. Eso es lo que hicieron los economistas Claudia Martínez, Gustavo Morales y Rodrigo Valdés, en un trabajo que presentaron en el último Encuentro Anual de Economistas. De los resultados que obtuvieron se desprende que hasta el segundo trimestre del año 2000 no hay cambio estructural alguno en la relación que determina el empleo. Es decir, luego de corregir por los cambios en los precios, la elasticidad empleo-producto durante la segunda mitad de los noventa es la misma que aquella de fines de los '80 o comienzos de los '90. Habiendo descartado un cambio estructural durante los noventa, cabe mencionar que dichos autores encuentran evidencia preliminar de que hubo un cambio estructural durante el segundo semestre del 2000. A partir de entonces y luego de corregir por cambios en los precios que determinan el empleo, un incremento del producto lleva a menos creación de empleo que durante los noventa. La información es demasiado poca para ser concluyentes, pero los datos sugieren que algo sucedió durante el segundo semestre del 2000. Un candidato (no es el único) es que, con poca justificación real, nos pusimos pesimistas hacia mediados del año pasado. Este pesimismo contrajo la demanda interna, porque la gente teme perder su empleo, y redujo la inversión, porque los empresarios no están optimistas respecto del futuro. Si esta es la causa, bienvenido sea el nuevo ambiente que se respira luego del discurso presidencial del 21 de mayo y bienvenida sea una rápida puesta en marcha del seguro de cesantía, que reducirá la ansiedad respecto de eventuales despidos. El mercado laboral tiene una capacidad mucho mayor de lo que la mayoría de los analistas cree de ajustarse a cambios en el entorno económico. Dicho ajuste muchas veces es más lento de lo que todos quisiéramos, pero varios de los remedios que se proponen pueden ser peores que la enfermedad. Es importante tener en cuenta lo anterior en la discusión parlamentaria de las reformas laborales. Aprobar medidas que encarecen la contratación de trabajadores (y entre las reformas propuestas hay varias de ese tipo) puede transformar en permanente un cambio en los determinantes del empleo que, por el momento, aún podemos calificar como transitorio. (*) Académico y director del Centro de Economía Aplicada (CEA), U. de Chile. |