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03 de Junio de 2001

Y la tasa de crecimiento será...

El dramatismo asociado a una revisión a la baja o alza de las tasas de crecimiento sería mucho menor si la gente tuviera conciencia de lo poco precisas que son dichas estimaciones.

Eduardo Engel*

La mayoría de los chilenos damos mucho más importancia de la que merecen a las proyecciones económicas con que nos bombardean día a día los medios de comunicación. Les creemos más de la cuenta, les adjudicamos una precisión que no tienen ni por casualidad.

Partamos por las proyecciones de la tasa de crecimiento de la economía. La continua revisión de estas proyecciones ha sido interpretada como una señal de que las cosas están empeorando dramáticamente. La verdad es que el grado de incertidumbre de estas proyecciones no avala dicha conclusión. Por ejemplo, las últimas proyecciones del Banco Central indican que, con una confianza del 90 %, el crecimiento durante el 2002 será entre un 2 y un 7 %. Un rango bastante amplio, ¿no es cierto? Desgraciadamente, los medios de comunicación sólo reportan una tasa situada hacia el centro de esta banda (crecimiento esperado del 5 %), sin mencionar el grado de imprecisión de dicha proyección. El dramatismo asociado a una revisión a la baja (o alza) sería mucho menor, si la gente tuviera conciencia de lo imprecisas que son dichas estimaciones.

Es loable que el Banco Central acompañe sus proyecciones económicas con una medida de cuán precisas (o imprecisas) son éstas; quienes pagan por los análisis de coyuntura que ofrecen diversas empresas también debieran exigir que las proyecciones vengan acompañadas de su margen de error.

Un trabajo de Rómulo Chumacero (del Banco Central y el Depto. de Economía de la U. de Chile) estudia los errores de las proyecciones que hicieron para el crecimiento de la economía chilena, durante el período 1986-1997, 128 analistas de todo tipo (consultores, bancos comerciales, etc.). En total, se trata de 857 proyecciones, todas ellas publicadas en su momento en un diario que cubre temas financieros. Sus conclusiones son devastadoras. En promedio, los analistas sistemáticamente subestimaron la tasa de crecimiento que tendría la economía en un nada despreciable 2,1 %. Es sorprendente, ya que uno esperaría que las proyecciones de crecimiento subestimaran y sobreestimaran el valor verdadero con frecuencias similares. A ello se agrega el gran margen de error de estas proyecciones, consistente con lo mencionado antes a propósito de las proyecciones del Banco Central.

Una segunda ilustración de lo difícil que es hacer buenas proyecciones de variables económicas viene dada por la historia de la División de Mercados de Commodities del Banco Mundial. La razón de ser de esta división era proyectar los precios de recursos naturales, como el cobre y el petróleo. Durante los '70 y los '80 trabajaban en ella un número importante de especialistas, utilizando los modelos más sofisticados de la época, todo para obtener las mejores predicciones posibles. Hacia fines de los '80, dos economistas británicos compararon los errores de las proyecciones hechas por esta división con los errores de predicción que se habrían obtenido proyectando el precio futuro como el precio corriente. Es decir, si el precio corriente del barril de petróleo era de 24 dólares, entonces se proyectaba un precio para el año siguiente también de 24 dólares. No se requiere de profesionales muy sofisticados para aplicar esta "metodología". Pues bien, resultó que los errores de predicción obtenidos con este último método eran, en promedio, menores que los errores que daban las sofisticadas predicciones. Y fue así como la división en cuestión dejó de existir hacia fines de los '80.

Más de un lector puede concluir, a partir de lo anterior, que los grandes errores en las proyecciones de variables económicas reflejan un lamentable estado de la ciencia económica. No es cierto. La falta de precisión de las proyecciones se debe, en gran medida, a lo complejos e impredecibles que son los procesos en cuestión. El crecimiento futuro de la economía dependerá de las decisiones que tomen millones de consumidores y miles de empresarios, tanto en Chile como en el extranjero. También se verá afectado por las acciones de gobernantes y parlamentarios. ¿Retornará el optimismo a nuestros empresarios y trabajadores? ¿Qué sucederá con el precio del cobre y del petróleo? ¿Y con Argentina? ¿Y con las reformas laborales? Lo mismo vale para el precio futuro de un recurso natural. Por ejemplo, en el caso del petróleo se debe saber cómo actuará la OPEP, qué sucederá con la economía de los Estados Unidos, etc.

Sin ir más lejos, en su edición del 6 de marzo de 1999, cuando el precio del barril de petróleo cayó por debajo de los 10 dólares, el prestigioso semanario británico The Economist anunció en su portada que el precio del petróleo seguiría cayendo, tal vez por debajo de los cinco dólares el barril. Tan sólo cuatro días después, los ministros de la OPEP acordaron reducir su producción y el precio del petróleo saltó a más de 25 dólares...

El contraste entre las proyecciones que hacen las ciencias naturales y la economía es evidente. Un astrónomo puede predecir exactamente dónde se encontrará cada planeta a la medianoche del día de hoy o en un año más. No puede hacer lo mismo respecto de su hija o hijo. Lo anterior no quita que el astrónomo pueda dar consejos valiosos a su hijo o hija. Lo mismo vale para la ciencia económica.

(*) Académico y director del Centro de Economía Aplicada (CEA), Facultad de Ingeniería de la U. de Chile.