06 de Mayo de 2001 ¿Y así quieren que invirtamos?
En 1965, un alumno de pregrado de Yale, Fred Smith, escribió un ensayo notando lo ineficiente que era el sistema de distribución de encomiendas de aquel entonces, proponiendo una nueva empresa, que optimizara dicha distribución. Al profesor no le gustó la idea y Smith obtuvo la nota mínima para aprobar el curso. Lejos de descorazonarse, este joven emprendedor siguió adelante con su proyecto, obteniendo financiamiento de capitalistas de riesgo para crear una nueva empresa, la cual bautizó como Federal Express. Y el resto, como se suele decir, es historia. Federal Express cambió el concepto de lo que es el servicio de correos, como se ilustra de manera elocuente en la reciente película El Náufrago. Que Steven Jobs inició la empresa Apple en 1976 en el garaje de su casa con poco más de 1.000 dólares obtenidos vendiendo su Volkswagen es sólo parte de la historia. Poco más de un año después, cuando quiso pasar a la producción masiva de computadores, fue clave que obtuviera más de medio millón de dólares de capitalistas de riesgo. Como parte de mi trabajo en la Universidad de Chile, me corresponde interactuar día a día con futuros ingenieros industriales, muchos de ellos creativos, trabajadores y llenos de capacidad emprendedora. Varios de ellos tienen, de seguro, potenciales similares a los de Fred Smith y Steven Jobs. Luego de egresar, varios crearán nuevas empresas; a algunos les irá muy bien, a otros no tanto. Pero muchos de ellos, teniendo buenas ideas, no podrán llevarlas a cabo por falta de financiamiento. Es mucho más difícil obtener capitales para financiar proyectos riesgosos en Chile que en los Estados Unidos. La buena noticia es que esta situación cambiará luego del anuncio de 15 reformas al mercado de capitales, que hiciera recientemente el gobierno. Dichas reformas facilitarán que los recursos financieros fluyan hacia quienes tienen los mejores proyectos, independiente de su riqueza familiar o los contactos con que cuenten. De esta manera, se facilitará que emerja la nueva generación de empresarios que el país requiere con urgencia. Una de las medidas más importantes anunciadas por el gobierno entre las 15 reformas, es la creación de una Bolsa Emergente. Esta Bolsa se concentrará en empresas de un tamaño menor que las que se transan en el mercado tradicional, pero con un alto potencial de crecimiento. Para cotizar en ella, las empresas deberán entregar información de alta calidad relativas a los riesgos inherentes a su negocio, antecedentes que serán más de índole prospectiva que histórica. Las personas que inviertan en acciones de este tipo de empresas estarán exentas del pago de impuestos sobre las ganancias de capital por un período de tres años. Es muy probable que el gobierno del presidente Lagos pase a la historia como aquel que modernizó nuestro mercado de capitales. La Ley de OPA, que da transparencia a los mercados financieros, protegiendo a los accionistas minoritarios, y las reformas anunciadas recientemente contribuirán a elevar nuestras tasas de crecimiento futuras, mejorando, de paso, la distribución de oportunidades y del ingreso. Sin embargo, para que el mercado de capitales se desarrolle es imprescindible que se cumpla no sólo la letra, sino que también con el espíritu de la Ley de OPA, lo cual no está sucediendo. Un ejemplo que ilustra los problemas actuales es lo sucedido con las acciones del Banco de Chile, a comienzos de diciembre del año pasado. El día 4 de diciembre, dichas acciones subieron un 20 %, transándose ese día un volumen casi 100 veces superior al promedio diario del mes anterior, con muy poca variación respecto del precio máximo de dicho día. Como sólo se supo después, dichas transacciones coincidieron con negociaciones para vender el control del banco. La Superintendencia de Valores y Seguros debería haber investigado de inmediato para descartar la posibilidad de que el súbito aumento de precio y volumen haya sido parte de una estrategia de quienes estaban vendiendo el control para obtener un precio más conveniente, utilizando información privilegiada. De más está decir que en países con mercados financieros desarrollados, transacciones con información privilegiada conllevan penas de cárcel. Algunos argumentarán que el episodio que acabo de relatar no es más que parte de una negociación entre particulares, en que ni siquiera se ven afectados directamente los intereses de los accionistas minoritarios. Este argumento ignora que cada uno de estos episodios proyecta una imagen de "poco seria" para nuestra Bolsa, con lo cual son muchos los inversionistas extranjeros que deciden no invertir en nuestro país. De esta manera, todas las acciones que se transan en Bolsa sufren los costos de situaciones poco transparentes como la descrita. Sin ir más lejos, luego del episodio del Banco de Chile me llamó un destacado broker de Wall Street para desahogar su frustración, diciendo "¿Y así quieren que invirtamos en Chile?" Situaciones como la anterior no sólo requieren de una fiscalización estricta de la Superintendencia de Valores y Seguros. También se requiere que el mundo empresarial sancione moralmente a quienes practican dicho tipo de operaciones, por desprestigiar la laboral empresarial. Sólo cuando todos denunciemos como inaceptables situaciones como la descrita estaremos en pleno camino hacia tener versiones criollas de Fred Smith y Steven Jobs. (*) Académico y director del Centro de Economía Aplicada (CEA), Depto. Ing. Industrial, U. de Chile. |