25 de Marzo de 2001 Estrategia perdedora
En una entrevista reciente, el senador Ominami afirmó que, como Lagos ganó la segunda vuelta gracias a los votos que captó entre quienes apoyaron a Sara Larraín y Gladys Marín, es clave que estos sectores tengan expresión política al interior de la Concertación. La estrategia electoral que ha ido insinuando la coalición gobernante es consistente con el diagnóstico del senador socialista. Sin embargo, dicho diagnóstico, compartido por amplios sectores concertacionistas, está en franca contradicción con la realidad. La estrategia que se está construyendo basada en él llevará a un fracaso electoral en diciembre próximo. Para empezar, el análisis de Ominami omite mencionar que en la segunda vuelta Lagos logró atraer a un número importante de electores que votaron nulo, blanco o se abstuvieron en la primera vuelta. (Esta conclusión se obtiene aplicando la metodología standard utilizada para analizar la evolución del comportamiento electoral). Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué sería más importante atraer hacia la Concertación a quienes votaron por Gladys Marín que a quienes votaron nulo o blanco? En lugar de intentar responder la pregunta anterior, es más fructífero mirar los datos desde otra perspectiva, analizando separadamente cómo votaron en la elección presidencial quienes se inscribieron en los registros electorales antes de 1993 y después de 1997. Resulta que entre quienes se inscribieron antes de 1993, Lagos ganó en la primera vuelta por poco más de un punto porcentual. En cambio, entre quienes se inscribieron después de 1997, el vencedor en la primera vuelta fue Lavín, con un margen de más de 10 puntos porcentuales: Lavín obtuvo un 52,9 %, versus un 42,3 % de Lagos. La votación de quienes se inscribieron entre 1993 y 1997 también favorece ampliamente a Lavín. (Las cifras anteriores se obtienen sumando los resultados de las mesas correspondientes). Tenemos, entonces, que los nuevos votantes, en su mayoría jóvenes, apoyan mayoritariamente a Lavín. Si extrapolamos esta tendencia hasta la próxima elección presidencial, las tendencias demográficas por sí solas sugieren que Lavín ganará al candidato concertacionista en la primera y en la segunda vueltas. Las extrapolaciones de este tipo son un tanto arriesgadas, pero el mensaje central está claro: no se trata de retener a los votantes de izquierda. Se trata de capturar a los votantes no alineados, muchos de ellos jóvenes. Si la coalición gobernante no logra revertir la diferencia a favor de la derecha entre los nuevos votantes, los años que le quedan en el poder se pueden contar con los dedos de una mano. La pregunta, entonces, es si a la luz de la evidencia anterior la estrategia electoral que están insinuando el gobierno y la Concertación es la adecuada. El perfil de los líderes concertacionistas no apunta en la dirección correcta. Mientras fue elegida una serie de alcaldes UDI que parecen clones de Lavín, el único miembro del gabinete de Lagos obligado a dimitir fue el más joven de los ministros. Y entre los pocos candidatos concertacionistas al Parlamento menores de 40, el que hizo noticia fue uno que no reconoció su derrota en las primarias de su partido. No sólo es escasa la participación de los jóvenes en puestos de liderazgo al interior de la Concertación; los que llegan a destacar no proyectan una imagen que los diferencie de sus mayores. El énfasis que el gobierno está dando al tema laboral tampoco apunta en la dirección correcta si se desea revertir la situación electoral entre los jóvenes. En efecto, los más perjudicados con el desempleo son los jóvenes, por lo cual éstos aprecian más que nadie la posibilidad de encontrar trabajo. Las reformas laborales, en cambio, al facilitar la negociación interempresas y encarecer la contratación de reemplazos en una huelga, se centran en aumentar los salarios de quienes tienen trabajo, a costa de una mayor tasa de desempleo. El desempleo alto no va a atraer el voto joven para la Concertación. Al ceder a las presiones de la CUT, el gobierno se queda pegado en el pasado, en lugar de considerar lo que demandan los electores del futuro. Un tercer ejemplo para ilustrar lo errado de la estrategia electoral del gobierno, es el énfasis que se está poniendo en el tema de la salud. La salud es importante, qué duda cabe. Pero es mucho más importante para los electores mayores que para los jóvenes. Tal como lo dijo Raúl Zurita alguna vez, hasta los 30 todos nos creemos inmortales. En el pasado, dos han sido las "verdades incuestionables" de la política chilena. Primero, que los jóvenes votan más por la izquierda que sus mayores. Segundo, que las mujeres votan más por la derecha que los hombres. Hoy, esas verdades no son tal. Ha llegado el momento de cuestionarlas. Como ya vimos, Lavín ganó lejos entre los jóvenes. Y aun cuando Lagos obtuvo un porcentaje mayor entre los hombres que entre las mujeres inscritas antes de 1993 (seis puntos porcentuales de diferencia), a éste le fue mejor entre las mujeres que entre los hombres que se inscribieron en los registros electorales después de 1997. Una estrategia basada en supuestos añejos, como la que se siguió en la primera vuelta y se insinúa hoy, está destinada al fracaso. Pero esa no es la única alternativa para la Concertación. Cuando entra a disputar los votos del centro del espectro político tiene posibilidades mucho mayores de éxito. Así quedó en claro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. (*) Académico Universidad de Chile |