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28 de Enero de 2001

¿Un diálogo o dos monólogos?

Un gobierno democráticamente elegido tiene derecho a financiar sus promesas electorales y la forma responsable de hacer esto es mediante los impuestos.

Eduardo Engel*

A propósito de mis últimas columnas sobre la reforma laboral, intercambié una serie de mensajes por correo electrónico con un distinguido empresario. En su primer mensaje mi interlocutor puso uno de los temas centrales de este intercambio.

"El premio social que se otorga a la capacidad de emprendimiento, que fue abundante hacia finales de los '80 y comienzos de los '90 (y responsable de buena parte de los éxitos económicos de esos años), ha ido mermando progresivamente. Una de las causas es que la actividad de emprender se mira con sospecha y eso es lo que está detrás de la reforma laboral y, algo menos, de la tributaria. En la laboral, subyace a su lógica que quienes emprenden actividades y crean riqueza, lo hacen 'a costa dé los trabajadores y, por lo tanto, es necesario introducir un equilibrio para que ello no ocurra. En lo tributario, también se sostiene que quienes emprenden actividades son 'evasores' o 'elusores', con lo cual se refuerza ese manto de sospecha que la autoridad tiende sobre esa actividad. Este error nos puede costar caro, pues nos hará mucha falta contar con vastos números de emprendedores, más allá de los grandes grupos empresariales nacionales o extranjeros, si queremos retomar el dinamismo que alguna vez tuvimos y volver a crecer al 7 % de aquí al bicentenario".

Le respondí que lo que buscan los empresarios, legítimamente, es tener ganancias, importándoles poco si éstas son producto de su creatividad o de su capacidad de lobby con la autoridad para obtener favores especiales. El caso del reciente boom exportador de vinos es un buen ejemplo, en que una serie de empresarios está obteniendo ganancias basados en desarrollar
-con ingenio, creatividad y perseverancia- un nicho de mercado donde Chile tiene claras ventajas comparativas, pero donde no era nada de obvio que éstas se fueran a concretar. En cambio, hay varios ejemplos, incluidos algunos de los casos exitosos de fines de los '80 y comienzos de los '90 que mi interlocutor tiene en mente, en que las grandes ganancias obtenidas tuvieron mucho más que ver con el uso de información privilegiada o influencias sobre la autoridad relevante, que con creatividad. Un ejemplo son los cargos de acceso a internet, que en Chile bajaron años después de que esto sucediera en otros países, con lo cual la empresa dominante del sector de telecomunicaciones obtuvo grandes ganancias, pero se retrasó el desarrollo de las empresas puntocom.

Respecto de las reformas laborales, comparto la frustración de mi interlocutor. Cuando la creación de empleo está lenta no es el momento para introducir reformas laborales que, inevitablemente, reducirán los niveles de empleo. Sin embargo, creo que la derecha y los empresarios han sido "mala leche" en el tema de las reformas tributarias que propuso el gobierno. El punto de partida, a mi juicio evidente, es que un gobierno democráticamente elegido tiene derecho a financiar sus promesas electorales y que la forma responsable de hacer esto es mediante los impuestos. La discusión debió centrarse en cuál es la manera más eficiente de financiar dicho programa, lo cual no sucedió. Tampoco es justo afirmar que reducir la evasión ponga un manto de duda sobre la actividad empresarial. Por el contrario, cuando en un sector productivo algunos evaden mientras otros no, los que evaden están compitiendo de manera desleal, lo cual debiera ser condenado por todos los empresarios.

Mi interlocutor me respondió que en el tema tributario concordaba en que la postura empresarial no ha sido muy apropiada, para luego agregar que, respecto de la creatividad empresarial, "no me refiero a los empresarios establecidos, sino a las muchas personas jóvenes que buscarían con mayor ahínco y motivación actividades de ese tipo, y que en una sociedad que mira con cierto recelo esas actividades difícilmente logrará que esos grupos adicionales se entusiasmen". Luego concluyó: "No estoy hablando de si ser creativos o ganar dinero es la fuente motivadora para emprender; estoy hablando de que la porción de la sociedad que elige generar nuevas actividades sea más grande y no más reducida, y para ello los posibles nuevos actores deben percibir una aprobación de la sociedad como un todo para ello también".

Le respondí que si se trata de hacer más atractivo para los jóvenes elegir la labor emprendedora, también hay ejemplos en que los líderes empresariales y de derecha no actuaron consecuentemente con dicho objetivo. Uno importante es el de la protección de los accionistas minoritarios. La mayoría de los líderes en cuestión no se la jugó por la Ley de OPA, la cual es una excelente noticia para empresarios jóvenes, con ideas, pero sin platas, ya que facilitará que obtengan financiamiento.

¿Qué saco en limpio del intercambio anterior? Que mi interlocutor está frustrado por los sectores de la Concertación que miran con recelo la actividad empresarial. Es cierto que si dichos sectores imponen su agenda el país crecerá más lentamente en el futuro. También, que yo estoy frustrado con lo "mala leche" que han sido algunos líderes empresariales y de derecha en temas económicos importantes, al defender intereses particulares en lugar de promover medidas que benefician a las grandes mayorías. Esta actitud le resta legitimidad a la economía de mercado, única estrategia de desarrollo que nos permitirá alcanzar el umbral del desarrollo de aquí al bicentenario (o un poquito después).

* Académico y director del Centro de Economía Aplicada (CEA), Depto. Ing. Industrial, U. de Chile.