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17 de Diciembre de 2000

¿Cuál lección?

Utilizar la inflación pasada, como quería la ANEF, es poco solidario con los trabajadores que, a diferencia de los empleados públicos, pueden perder sus fuentes de trabajo luego de un shock adverso.

Eduardo Engel*

Luego de fuertes controversias al interior de la coalición gobernante y de un paro de los empleados públicos, el Congreso aprobó el reajuste que recibirán dichos trabajadores el 2001. Será de un 4,3%, lo cual está a mitad de camino entre la última oferta del Ejecutivo (4,0%) y el mínimo exigido por la ANEF para volver a la mesa de negociaciones (4,6%).

La negociación del reajuste fiscal fue traumática para la Concertación, siendo tema recurrente en la cumbre oficialista "Santiago I", donde dirigentes y parlamentarios coincidieron en la importancia de "aprender las lecciones" de esa experiencia. Concuerdo en que el episodio del reajuste fiscal deja una importante lección, aunque no creo que ésta sea que el Ejecutivo debe "coordinarse mejor" con parlamentarios de gobierno.

La piedra de la discordia fue cómo incluir un componente del reajuste que corrija por la inflación, de modo de mantener el poder adquisitivo de las remuneraciones. A comienzos de los noventa, con la participación activa de Manuel Bustos, se llegó a un acuerdo entre el gobierno y la ANEF, según el cual la corrección por inflación se haría considerando la inflación esperada para el año que viene. Por ejemplo, al negociar el reajuste para el 2001 a fines del 2000, la componente inflación viene dada por la inflación esperada para el 2001. Sin embargo, en la negociación reciente, la ANEF exigió que la componente inflación fuera igual a la inflación de este año, no la esperada para el próximo.

La diferencia entre considerar la inflación del año recién pasado y la inflación proyectada para el próximo año puede parecer irrelevante, pero no lo es. Si se utiliza la inflación pasada, los salarios de toda la economía, incluyendo los privados, se ajustan más lentamente a shocks externos adversos, como un alza importante del precio del petróleo. Y cuando los salarios se ajustan lentamente a shocks adversos, el desempleo que acompaña a dichos episodios es mayor.

Resumiendo, entonces, utilizar la inflación pasada, como quería la ANEF, es poco solidario con los trabajadores que, a diferencia de los empleados públicos, pueden perder sus fuentes de trabajo luego de un shock adverso.

¿Por qué, entonces, la ANEF insistió tanto en que quería que la inflación se incorporara a través de la inflación pasada y no la proyectada para el 2001? Porque la inflación que se espera para este año (del 4,6%) es superior a aquella que se espera para el próximo año (3,0%). Cabe notar, eso sí, que cuando se negoció el aumento salarial para este año, la situación fue la inversa y el gobierno no varió su postura. No haber reclamado en aquella ocasión y hacerlo en esta oportunidad fue poco consecuente por parte de la ANEF.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿por qué fue tan traumática la aprobación del reajuste público? La respuesta, en una frase, es porque se avecina un nuevo período electoral. La posibilidad de sacar ganancias electorales de corto plazo llevó a la mayoría de los parlamentarios de derecha a abstenerse de apoyar la iniciativa. Por igual motivo, algunos parlamentarios de la Concertación se opusieron a la propuesta del Ejecutivo, temiendo no ser reelegidos en caso de apoyarla.

En el último año, la derecha se ha vuelto cada vez más populista en materia económica. Por ejemplo, no apoyó al gobierno cuando éste decidió enfrentar el paro de los camioneros. Faltaban dos semanas para las elecciones municipales y más valía obtener alcaldías adicionales que contribuir a frenar a un sector que durante décadas ha obtenido beneficios especiales. Con lógica similar, más valía exacerbar los problemas al interior de la Concertación, que beneficiar a quienes buscan trabajo aprobando con una gran mayoría el reajuste propuesto por el gobierno.

La Concertación no lo hizo mejor, ya que hubo varios senadores que se negaron a apoyar el reajuste propuesto por el Ejecutivo, mientras muchos de quienes lo aprobaron lo hicieron a regañadientes. Un reajuste real de salarios de un 1,3 % era más que suficiente, luego de un año marcado por un shock petrolero y una recuperación lenta del empleo.

Y ¿cuál es la lección de todo esto? Que esto fue sólo una sinopsis de lo que nos espera el año electoral que viene. Una derecha dispuesta a abandonar las políticas prudentes que muchas veces apoyaron en los noventa con tal de acceder al poder, aun si esto retrasa la reactivación. Parlamentarios de gobierno preocupados sólo de mantener su cargo, hipotecando el bienestar de muchos en el proceso.

Hace poco más de un año di un seminario en la Universidad de Toulouse, Francia. Luego del seminario, salí a cenar con Jean Tirole, ganador del premio al mejor economista europeo menor de 40 y candidato seguro al Premio Nobel. Durante la comida tocamos el tema de qué motiva el accionar de los políticos. Argumenté que había gran variedad de motivaciones. Desde políticos que sólo buscan beneficio personal, hasta quienes tienen una vocación de servicio público admirable, atreviéndose a defender políticas que les pueden costar votos cuando consideran que éstas son correctas. Tirole me miró con una sonrisa y me respondió que un político electo que teme perder su cargo está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de ser reelecto. Lo que sea necesario. Sólo le faltó agregar que lo mismo vale para una coalición de partidos que no está en el poder pero ve una posibilidad cierta de alcanzarlo.

(*) Académico y direcyor del CEA, Universidad de Chile.