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22 de Noviembre de 2000 Camino a Chicureo
Hace poco tiempo fue declarada desierta la licitación de la Radial Nororiente, una nueva ruta que conectará el barrio alto de Santiago con la Panamericana Norte y con los barrios emergentes de Chicureo. La empresa que había impulsado la iniciativa se excusó de participar en la licitación, aduciendo serias discriminaciones estatales. Ante este resultado y la polémica consiguiente, es importante examinar por qué nadie se presentó a la licitación y qué lecciones se pueden extraer para mejorar el mecanismo de concesiones de carreteras. Conviene comenzar notando que este proyecto tiene varias diferencias con concesiones anteriores. En primer lugar, se trata de una vía nueva, a diferencia de la mayoría de los proyectos que mejoran rutas existentes. Segundo, el camino fue propuesto por privados y no por el MOP, que sólo lo aprobó. Tercero, la Ley de Concesiones establece que cuando el MOP acepta una propuesta privada, su proponente recibe un bono de puntaje, que le permite ofrecer un peaje hasta 10% más alto que la competencia y aun así ganar la concesión. Y cuarto, y ésta es la diferencia clave, los principales beneficiados con la carretera serán los dueños de terrenos en la zona de Chicureo, cuyos proyectos inmobiliarios se valorizarán una vez que exista una comunicación expedita con el barrio alto. Por todo lo anterior, no es sorprendente que los proponentes y más probables adjudicatarios de la Radial Nororiente sean propietarios importantes en Chicureo que estén pensando en el negocio inmobiliario. En resumen, el atractivo principal de este proyecto no son los ingresos por peajes, sino el aumento del valor de las tierras. La principal razón esgrimida por los proponentes para no presentarse a la licitación fue que el MOP discriminó en contra de ellos al otorgar garantías inferiores a aquellas de concesiones anteriores. Como es sabido, debido a la incertidumbre en los flujos de tráfico el MOP garantiza ingresos mínimos a los concesionarios de carreteras. De esta forma, aunque las proyecciones de tráfico sean muy erradas, el concesionario tiene asegurado un flujo mínimo de ingresos. Generalmente el MOP garantiza el 70 % del tráfico proyectado, pero en el caso de la Radial Nororiente sólo garantizó el 51%, dando origen a los reclamos de los empresarios inmobiliarios. Pero esto no parece ser una buena explicación; después de todo, buena parte de los beneficios del proyecto provienen de la apreciación de la tierra y los peajes importan mucho menos que en otras concesiones. En otras palabras, en una carretera como ésta se justifican mucho menos las garantías mínimas de tráfico, ya que los principales beneficios provienen de la apreciación de los terrenos. Aun si el camino de Chicureo evaluado como proyecto separado no es rentable, evaluándolo en conjunto con el negocio inmobiliario correspondiente sí es atractivo. De aquí se sigue que si el camino no resulta rentable privadamente, lo más probable es que tampoco lo sea socialmente, porque gran parte de los beneficios, tanto privados como sociales, son que las tierras se hacen más valiosas. La argumentación anterior también pone en duda la conveniencia de premiar a quienes proponen proyectos de concesiones viales que son aprobados por el MOP. En efecto, la experiencia indica que la mayoría de las veces los proponentes son dueños de las tierras donde llega el camino, por lo cual reciben la mayor parte del beneficio asociado a la concesión a través de la apreciación de sus tierras. A diferencia de lo que sucede con las ideas novedosas en otros sectores productivos, donde puede ser importante que el Estado intervenga para premiar la creatividad (por ejemplo, mediante una ley de patentes), dichos estímulos se justifican mucho menos en el caso de los concesiones viales. Volviendo a la Radial Nororiente, una explicación alternativa del "fracaso" de la licitación es que, dado lo deprimido del mercado inmobiliario en la actualidad, el costo de esperar a que la demanda por tierras se recupere es bajo, a lo cual se agrega el atractivo de un eventual incremento de las garantías en una nueva licitación. Por todo lo anterior, cuando vuelva a licitarse la Radial Nororiente no hay motivo alguno para que el Gobierno incremente las garantías de tráfico o gaste los escasos fondos públicos para hacer más rentable el proyecto. Más aún, probablemente cualquier garantía sea innecesaria. Los recursos estatales dedicados a las concesiones viales deben focalizarse en aquellos proyectos que, siendo rentables desde un punto de vista social, no son atractivos para los privados sin dichos subsidios. Creemos que el camino a Chicureo no es uno de ellos. (*) Centro de Economía Aplicada (CEA), Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile © 2000 Empresa El Mercurio S.A.P. |