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19 de Noviembre de 2000

Bush, Gore y el plebiscito de 1988

No es correcto afirmar que los errores en las proyecciones eran inevitables, dado lo peleada que estuvo la elección presidencial en Florida.

Eduardo Engel

A las 9 p.m. (de Chile) del martes 7 de noviembre, las cadenas de televisión de los Estados Unidos anunciaron que Al Gore ganaría los 25 votos electorales de Florida. Pocas horas después, las cadenas se retractaban de su predicción inicial, pasando a Florida a la categoría "demasiado peleado para predecir". A las 4 a.m., era Bush quien celebraba, pues ahora las proyecciones lo daban a él como ganador en ese estado. Fue en ese momento que el vicepresidente se contactó telefónicamente con su rival para desearle éxito como futuro presidente de los Estados Unidos. Pero no había transcurrido ni una hora cuando Al Gore volvió a contactarse telefónicamente con su contrincante, esta vez para retirarle las felicitaciones, ya que los pronósticos electorales volvían a incluir el estado de Florida en la categoría "demasiado peleado para predecir". Ambos candidatos, y el mundo entero con ellos, quedaron a la espera de que se complete el recuento de votos en Florida para saber quién asumirá la presidencia del país más poderoso del planeta, en enero próximo. Y seguimos esperando...

Parece obvio afirmar que los errores en las proyecciones eran inevitables, dado lo peleada que estuvo la elección presidencial en Florida. Sin embargo, esta afirmación no es correcta, ya que un buen trabajo profesional hubiera dejado a Florida en la categoría "demasiado peleado para predecir" desde los primeros escrutinios hasta el día de hoy. El objetivo de las predicciones electorales es vaticinar quién ganará cada estado, y con ello los votos electorales correspondientes, apenas sea posible. Ni antes ni después. Ni antes, porque se pierde credibilidad a futuro. Ni después, porque se desea poder golpear con la noticia.

Las proyecciones electorales en los Estados Unidos se iniciaron con la elección presidencial de 1960. Bajo la dirección del matemático y estadístico John Tukey, un grupo de profesionales hizo estos vaticinios para la cadena NBC hasta 1980, usando para ello los primeros escrutinios. Nunca debieron retractarse de ninguno de ellos.

Al diseñar metodologías para estimar resultados electorales, el mayor desafío es calcular correctamente el margen de error de cada proyección. Si se proyecta que Bush obtendrá el 48% y Gore el 46% de los votos, la pregunta clave es cuán seguro se está de que Bush aventajará a Gore. Sólo si se está absolutamente seguro se puede pronosticar ganador a Bush.

Todas las metodologías hacen supuestos imposibles de verificar al momento de calcular el margen de error de una proyección electoral, por lo cual es importante trabajar con mecanismos poco sensibles a dichos supuestos. Este tipo de métodos se conocen como "robustos". La mayoría de los trabajos seminales en esta área fueron de John Tukey.

En la década de los ochenta, las cadenas de televisión de los Estados Unidos optaron por patrocinar un instituto que preparara proyecciones electorales para todas ellas. También optaron por dejar a cargo de las proyecciones a cientistas sociales, sin los conocimientos en métodos robustos necesarios para calcular correctamente los márgenes de error. Como quedó demostrado la noche del 7 de noviembre recién pasado, el cambio les costó caro.

Las proyecciones electorales realizadas en Chile guardan un paralelo con lo sucedido en Estados Unidos. Para el plebiscito de 1988, me correspondió diseñar e implementar las proyecciones que realizó el Comité por Elecciones Libres (CEL), liderado por Sergio Molina. Basado en los resultados de un 4% de las mesas, predije a las 9 p.m. del 5 de octubre que el NO obtendría un 55,2% de los votos. La votación efectiva fue del 54,7%. Mucho más importante que el error de medio punto porcentual fue haber calculado márgenes de error robustos, que aseguraban al NO al menos el 53,8% de los votos.

Al año siguiente, volví a hacer estimaciones electorales, esta vez para la Conferencia Episcopal. A las 9 p.m. del día de la elección, basado en los resultados de las primeras mesas, proyecté que Andrés Zaldívar sería elegido senador por Santiago y que la Concertación no lograría duplicar a la derecha en dicha circunscripción, por lo cual Ricardo Lagos no sería elegido. No tuve que retractarme de ninguna proyección.

A comienzos de 1993, me contactó TVN para ver la posibilidad de utilizar exit polls, en lugar de los primeros escrutinios, para vaticinar los resultados de la elección presidencial y parlamentaria de aquel año. Opiné que usar exit polls era sumamente riesgoso, ya que no sería posible calcular correctamente los márgenes de error. Quienes estuvieron dispuestos a hacer proyecciones para TVN pagaron cara su osadía, pronosticando equivocadamente los resultados de varias elecciones senatoriales a favor de la Concertación. Ningún canal de televisión ha vuelto a usar los exit polls en Chile luego de esta debacle.

Cuando tuve lista la metodología para hacer las proyecciones del resultado del plebiscito, pasé varios días chequeando con diversos expertos que no hubiera errores o metodologías mejores. Fue entonces que me contacté telefónicamente con John Tukey. En una larga conversación le expliqué cómo pensaba hacer las proyecciones y calcular los márgenes de error. Estuvo de acuerdo con todo y se despidió diciéndome, "tenga cuidado, jovencito".

Fue hace cuatro meses, cuando regresaba a Chile de una conferencia, que me enteré a través de los obituarios del New York Times que John Tukey había muerto. El prestigioso periódico lo describió como uno de los científicos más influyentes de los últimos 50 años. Vaya esta columna como homenaje.