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10 de Septiembre de 2000

¿Qué pasa con el empleo?

La economía post-recesión produce un 2,5% más que la economía pre-recesión,empleando menos trabajadores (1 % menos) y más capital (10% más).

Eduardo Engel

Siguiendo al paquete de medidas económicas anunciadas por el gobierno, varios analistas coincidieron en que faltaba la más importante. "Si el problema es que no se está creando empleo, la solución es subsidiar las nuevas contrataciones", señalaron todos ellos. Desde Joaquín Lavín, quien generosamente puso sus equipos técnicos a disposición del gobierno, hasta el prestigiado Vittorio Corbo, pasando por Rodrigo Vergara, Guillermo Patillo y Tomás Flores.

"¿Cómo un equipo económico brillante como el actual cometió un error tan evidente?", me pregunté. Frente a tamaño error, lo obvio era que los medios en cuestión dieran a conocer la versión del gobierno, pero ninguno de los reportajes que vi o escuché aquel día incluyeron la réplica correspondiente. Como me informé tanto con medios cercanos a la oposición como al gobierno, especulé que efectivamente el equipo económico había cometido un error garrafal. Fue sólo al día siguiente que me enteré, a través de varios diarios, que el subsidio a las contrataciones era una pésima idea. Un gran número de trabajadores en empresas pequeñas y medianas no tiene contrato, por lo cual una medida de este tipo llevaría a que un gran número de empleadores contrate formalmente a quienes ya trabajan para ellos. De esta manera, podrían reducir sus gastos en remuneraciones a costas del Fisco, sin crear nuevos empleos en el proceso. Focalizar aceptablemente un subsidio a las contrataciones es prácticamente imposible. De hecho, fue por este motivo que al enfrentar la crisis de 1982 las autoridades de la época -entre ellos, varios de los críticos actuales- descartaron esta medida.

Habiendo concluido que un subsidio a las contrataciones es una mala idea, cabe preguntarse si hay otras medidas que debieron haber sido incluidas. Sin embargo, antes de explorar posibles omisiones, vale la pena establecer cuál es el problema. El país ya superó, con creces, la recesión: entre los segundos trimestres de 1999 y del 2000, el producto creció en un 6%. El problema está en la alta tasa de desempleo, la cual sobrepasó el 10%.

Una forma alternativa de ilustrar dónde está el problema es comparar los datos macroeconómicos del segundo trimestre de 1998, trimestre anterior a la recesión, con igual trimestre del año 2000. Dicha comparación indica que la economía post-recesión produce un 2,5 % más que la economía pre-recesión, empleando menos trabajadores (1 % menos) y más capital (10 % más). La pregunta es: ¿por qué estamos produciendo más con menos trabajadores y más capital? Hay al menos tres "sospechosos" para responder a la pregunta anterior. En primer lugar, está un salario mínimo demasiado alto. En poco más de dos años (entre mayo de 1998 y junio del 2000), el salario mínimo subió un 40% y su poder adquisitivo aumentó en más de un 30% durante el mismo período. Ninguno de los proponentes de subsidiar las contrataciones mencionó la posibilidad de reducir el salario mínimo. Por una vez, la oposición y el gobierno estaban de acuerdo; reducir el salario mínimo no es una medida popular y ninguno la planteó. Sin embargo, el rol de los técnicos debiera incluir decir las cosas tal cual son, independiente de si van a ser populares o no.

Un segundo sospechoso es que se trate de un problema de expectativas. Existen dudas fundadas sobre cuáles serán las tasas a las cuales crecerá la economía chilena durante los próximos años. Varios líderes empresariales y medios de comunicación han abordado el tema con un alarmismo que sugiere, implícitamente, que las tasas anuales de crecimiento estarán entre un 0 y un 7%, dependiendo de los detalles de la reforma laboral, el seguro de desempleo o la ley para reducir la evasión. Un análisis más mesurado sugiere que el rango de incertidumbre está entre un 5 y un 7%, lo cual no deja de ser una fuente de incertidumbre importante, pero mucho menor que la sugerida por varios líderes de opinión.

Desde los trabajos de Keynes sabemos que las expectativas de los consumidores y productores son importantes. Si la mayor parte del empresariado está convencido de que las tasas de crecimiento futuro de la economía podrían fluctuar en un rango sumamente amplio, invertirán menos. Más aún, si temen que será muy caro contratar (o despedir) trabajadores, optarán por tecnologías más intensivas en capital. Que después de la recesión estemos produciendo más que antes de la recesión, pero empleando menos trabajadores y más capital, es consistente con esta hipótesis.

Un tercer sospechoso es lo que se llama "efecto composición", el cual se centra en que los distintos sectores de la economía se recuperan de la recesión a velocidades diferentes. Así, por ejemplo, y una vez más comparando los segundos trimestres del '98 y el 2000, se tiene que mientras en promedio la economía ya había sobrepasado los niveles de producción anteriores a la recesión, el sector construcción, que es particularmente intensivo en mano de obra, se encontraba muy por debajo (12%) de su nivel pre-recesión. Luego, el rezago en la recuperación de la construcción es responsable, al menos en parte, por el alto desempleo. La reducción de la tasa de interés por parte del Banco Central acelerará la recuperación de este sector, reduciendo la tasa de desempleo.

Tres sospechosos, un solo crimen y evidencia insuficiente para declarar culpable a alguno de los sospechosos. Lo más probable es que las culpas sean compartidas. Sin embargo, sobre una cosa no cabe duda: no haber incluido un subsidio a las contrataciones fue correcto.