27 de Agosto de 2000 Tres falacias tributarias
Un destacado empresario me manifestó su preocupación por el proyecto de ley que prepara el gobierno para reducir la evasión tributaria. "Dicen que va a afectar negativamente la inversión extranjera", me contó, con evidente preocupación. "Un Estado policial-fiscalizador va a ahuyentar a los inversionistas", agregó. Luego de contarle que en los Estados Unidos se evade el 10% del impuesto a la renta, le pedí que adivinara cuál era la tasa de evasión correspondiente en Chile. "Será un 20%", respondió. Le conté que es del 45% para las empresas, mientras que en el caso de las personas sobrepasa el 50%. Agregué que dudo que a un inversionista extranjero le llame la atención un incremento del presupuesto del SII para reducir tasas de evasión como esas. "¿Estás seguro de esas cifras?", preguntó incrédulo. Le respondí que son estimaciones hechas con metodologías aceptadas internacionalmente. En el caso de las empresas las hizo mi colega Pablo Serra, en el caso de las personas, Alexander Galetovic y yo. Toda estimación de una tasa de evasión tiene un margen de error, el cual puede ir en cualquier dirección. Si tuviera que apostar en qué dirección nos equivocamos, diría que fue subestimando la evasión verdadera, concluí. Luego de un largo silencio me preguntó por qué la prensa no ha informado sobre estos números. Este diálogo sirve para ilustrar la manera poco informada como se ha iniciado la discusión sobre el proyecto para reducir la evasión. El problema de desinformación se acentúa cuando se afirma que el caso que el SII ganó en la Corte Suprema, obligando a los bancos a entregar una lista con los intereses abonados o pagados por concepto de depósitos, constituye un afán excesivo de la autoridad tributaria por controlar la conducta de los contribuyentes. Conocer cuánto ganó un individuo por concepto de intereses no es invasivo con su privacidad; se trata de una información que el contribuyente entregará si no evade impuestos. En los países desarrollados, los bancos entregan esta información de manera rutinaria a la autoridad tributaria, con copia al contribuyente. A propósito de los supuestos poderes sin límite que estaría pidiendo el SII, es importante modificar la legislación tributaria, de modo que esta repartición deje de ser juez y parte en las apelaciones de primera instancia. Esta crítica es válida. Pero para discutir el tema en forma seria, se requiere empezar por reconocer que la evasión tributaria en Chile es importante, además de evitar invocaciones oportunistas del derecho a la privacidad de las personas para objetar medidas de fiscalización que son justificadas. Una segunda falacia que se ha convertido en lugar común es afirmar que si se bajan las tasas más altas del impuesto a la renta de las personas aumentará la recaudación. En la realidad, no existe ninguna evidencia que indique que menores tasas incrementen la recaudación. Desgraciadamente para los Estados Unidos, Ronald Reagan se creyó este cuento y redujo los impuestos sin reducir el gasto público, argumentando que la recaudación de impuestos no caería. Resultado: la deuda pública de los EE.UU. se disparó durante los dos gobiernos de Reagan, pasando de menos del 30%, a más del 50% del PIB. Es cierto que en Chile las tasas marginales más altas del impuesto a la renta son excesivas. Sin embargo, al plantear la discusión en forma realista, sin afirmaciones equivocadas, queda claro que una rebaja de estas tasas debe ir acompañada de un aumento de recaudación por algún otro impuesto o una reducción del gasto público. Esa es la discusión que interesa, no proponer reducciones de tributos sin compensación. Para terminar, una tercera falacia: que los chilenos trabajamos, en promedio, dos meses cada año "para el Fisco", porque lo que se recauda por impuestos es el 18% del PIB. Demagogia pura, que pretende sugerir que lo que recauda el Fisco se bota al mar. Algo así como decir que, como alrededor del 4% del PIB se gasta en defensa y orden público, cada uno de nosotros trabaja dos semanas al año para las Fuerzas Armadas y de Orden. Lo cierto es que el gasto social en Chile, financiado con los impuestos de quienes no evaden, permite mejorar la distribución del ingreso de manera importante. En efecto, el 20 % (quintil) más rico de las familias chilenas tiene un ingreso 15 veces superior a aquel del quintil más pobre. Esta diferencia, que está entre las peores de América Latina, se reduce notablemente luego del gasto social, cayendo por debajo de 10. Esta mejora se debe a que la focalización del gasto social en Chile es una de las mejores entre los países en desarrollo. No obstante ello, hay programas financiados con nuestros impuestos que debieran mejorarse y otros que simplemente debieran eliminarse. La discusión tendría que centrarse en cuáles son estos programas. También en cómo seguir mejorando la focalización del gasto fiscal que, dicho sea de paso, siguió mejorando durante los noventa. En resumen, argumentar con falacias contra el proyecto de ley para reducir la evasión polariza innecesariamente la discusión y puede llevar a empeorar la situación actual. Es una pena, porque una discusión más razonada contribuiría a resolver varios problemas urgentes en el tema tributario. |