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18 de Junio de 2000

¿Crecer o distribuir?

Haber duplicado el ingreso de los chilenos en 15 años trajo una reducción dramática de los índices de pobreza. Entre 1987 y 1998, la fracción de la población viviendo bajo la línea de pobreza cayó de 44,8 a 22,2%.

Eduardo Engel

"Crecer o distribuir", esa es la cuestión. Algunos argumentan que los buenos indicadores macroeconómicos de la última década no se reflejan a nivel de las personas, por lo cual ha llegado la hora de concentrarnos en mejorar la distribución del ingreso. Otros responden que la mejor forma de superar la pobreza es manteniendo altas tasas de crecimiento, no redistribuyendo el ingreso.

Existen políticas, como mejorar la educación, que promueven tanto el crecimiento como una mejor distribución del ingreso, por lo cual la disyuntiva anterior podría no ser tal. Sin embargo, estas políticas toman décadas en tener impacto. Por contraste, la mayoría de las políticas que mejoran la distribución del ingreso en el corto plazo traen una reducción de las tasas de crecimiento.

La respuesta a la disyuntiva entre crecer y distribuir depende de nuestras preferencias personales, cuánto valoramos superar la pobreza, versus cuánto nos molesta tener una distribución desigual del ingreso. Sin embargo, al elegir entre ambas opciones es importante conocer información sobre distribución del ingreso, crecimiento y su relación con la reducción de la pobreza. En una serie de conferencias que he dictado recientemente, he constatado que ejecutivos de alto nivel, tanto en el sector privado como público, frecuentemente desconocen información que podría influir en su decisión.

A partir de 1985, el ingreso de los hogares chilenos creció un promedio anual superior al 5%, duplicándose en un lapso de apenas 15 años. Por contraste, durante el cuarto de siglo que precedió a 1985, el mismo ingreso aumentó a tasas anuales promedio inferiores al 1%, acumulando un incremento de tan sólo 19%. Si Chile hubiese seguido creciendo a esas tasas después de 1985, habría tomado exactamente un siglo duplicar el ingreso de cada hogar, en lugar de los 15 años que efectivamente tomó.

También cabe comparar nuestras tasas de crecimiento con aquellas del resto de América Latina. Mientras Chile duplicaba su ingreso per cápita entre 1985 y 1999, en el resto de la región el crecimiento promedio no alcanzó al 30 %.

La distribución del ingreso no ha variado mayormente en los últimos 15 años. Era muy desigual en 1985 y sigue siendo desigual hoy. El 20 % (quintil) más rico de la población tenía y sigue teniendo un ingreso 15 veces mayor que el quintil más pobre. En 1985 esto se traducía en un ingreso mensual promedio, en pesos de hoy, de 1 millón 200 mil pesos para una familia típica del quintil más rico, comparado con 80 mil pesos para una familia similar del quintil más pobre. Hoy día, esos ingresos son 2 millones 400 mil y 160 mil pesos, respectivamente.

¿Qué pasaría si seguimos creciendo a la tasa promedio de la última década hasta el 2010, sin que varíe la distribución del ingreso? El ingreso mensual de la familia típica del quintil más pobre aumentará de los 160 mil pesos actuales a 270 mil pesos (también en poder adquisitivo de hoy, es decir, corrigiendo por inflación). Y si seguimos creciendo a la misma tasa hasta el 2025, el ingreso de esta familia sobrepasará los 600 mil pesos mensuales. Además, habremos erradicado la pobreza en Chile, sin mejorar la distribución del ingreso en el proceso.

Haber duplicado el ingreso de todos los chilenos en un lapso de 15 años trajo consigo una reducción dramática de los índices de pobreza. Entre 1987 y 1998, la fracción de la población viviendo bajo la línea de la pobreza cayó de un 44,8 a un 22,2%. Más aún, el porcentaje de indigentes ("extrema pobreza") cayó del 16,8 a 5,6% en el mismo período. Sin exagerar, esta es la experiencia más exitosa en reducir la pobreza en una década en la historia de la humanidad.

La evidencia anterior, según la cual el crecimiento del ingreso ha favorecido en igual medida a los sectores de altos y bajos ingresos, no es un fenómeno particular de Chile. Un estudio reciente de los economistas David Dollar y Aart Kraay, que considera datos de 125 países, concluyó que, en general, el crecimiento del ingreso del quintil más pobre en promedio es igual a aquel del resto del país. Si el ingreso del país crece rápidamente, lo mismo sucede con el ingreso del quintil más pobre. Y si el ingreso de los más pobres crece lentamente, entonces el ingreso del resto de la población también crece lentamente.

Es sabido que las economías abiertas crecen, en promedio, más rápido que los países con altos grados de protección. Sin embargo, frecuentemente, se argumenta que ese crecimiento adicional no beneficia a los pobres. El trabajo citado refuta ese argumento contra la globalización, al mostrar que el ingreso de los más pobres crece al mismo ritmo que el ingreso de todo el país, tanto en naciones abiertas al comercio como en países proteccionistas.

Una vez superado el mareo que puede producir tanto número, vale la pena volver a la disyuntiva inicial. ¿Estamos mal porque la distribución del ingreso no ha mejorado en los últimos 15 años? ¿O estamos bien porque la pobreza se ha reducido a menos de la mitad y el ingreso de todos, incluido el de los más pobres, se ha duplicado en el mismo período? Alternativamente y mirando el futuro, ¿debiéramos concentrar nuestros esfuerzos en mantener las tasas de crecimiento de la última década o en mejorar la distribución del ingreso?